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Discurso de Yrigoyen al asumir la primera presidencia. 2 de Abril de 1916.

Ante la evidencia de estas horas supremas y decisivas el pensamiento se repliega  a contemplar el apostolado que laboró tramo a tramo, la consagración plena de la obra reparadora.
En la fe y en la virtud de su vasta irradiación se cruzaron muchas angustias, pasaron años de absorbentes fatigas y de inevitables incertidumbres, escrutando y afrontando lo que había de rebelde o de inmodelable a la eficacia de sus justas finalidades.
Así estuvo como el alucinado misterioso, que los refractarios motejaron de una devoción incomprendida, ostentándose siempre sin mirar hacia atrás, soportando impertérrita las actitudes del destino, irreductiblemente identificada con la patria misma, serena auscultadora de sus anhelos e intérprete fiel de sus imperiosas reivindicaciones.
Y hoy estamos ante la efectividad gloriosa de tan enorme jornada y el encanto soñador se transformó en la realidad que nos hace sentir la magnífica verdad de la patria, dejando por fin de mirarnos peregrinos en su propio seno.
¡Cómo trascienden recién ahora los atributos nativos de la nacionalidad en la ejecutoria de los más prominentes preceptos de la civilización humana! ¡Como se comprende recién ahora las efemérides tan distintas de las que se celebraron con el mecánico automatismo de las simulaciones publicas! ¡Cómo parece el himno más tonante en las vibraciones de su sentimentalidad y las muchedumbres más nuestras ante los esplendores del patrio renacimiento!
Justo es, entonces, que esta resurrección, que pareciera imposible, llene de intenso regocijo el espíritu nacional que asumiera todas las contingencias de tan cruenta jornada, como si un dictado superior hubiera dispuesto que se fundiese en la más indestructible solidaridad.
Asumir la contienda reparadora, desde el llano a la cumbre, renunciando a todas las posiciones y resguardos del medio ambiente para remontar la abrupta montaña a pura orientación de pensamiento, a puro vigor de virtudes y a pura entereza de carácter, y llegar a la cima pasando por sobre todos los poderes oficiales y las conjuraciones conniventes, es empresa que no conciben los mediocres ni alcanzan los pigmeos y que ni siquiera comprendieron los grandes ni afrontaron los poderosos.
Tan magnas concepciones fueron idealizadas por el genio de la revolución, sentidas por el alma nacional y cumplidas con admirable excelsitud en una trayectoria de sucesos y de acontecimientos que culminaron todas las glorias de la patria.

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¿Los extraterrestres construyeron las pirámides?

No, de ninguna manera. Las pirámides de Egipto fueron construidas por personas humanas que fueron obligadas,  coaccionadas, doblegadas y -oportunamente- esclavizadas a hacerlo para sostener y profundizar el poder de unos señores que, además de reyes, se decían dioses. Quienes argumentan que las pirámides fueron construidas por extraterrestres invisibilizan y ocultan esa relación de explotación. 1. Los faraones no eran marcianos sino personas alrededor de las cuales se instituyó un sistema de dominación organizado para beneficiar a pequeños grupos en desmedro de las mayorías. 2. Que las tres grandes pirámides estén alineadas con el cinturón de la constelación de Orión demuestra el conocimiento de los astros que tenían algunos funcionarios egipcios, y nada más que eso. 3. Las pirámides de Egipto no emanan ninguna energía, no están conectadas subterráneamente ni con las pirámides Mayas ni con las bóvedas secretas de Cristina Kirchner.