Carta del profesor Warren Ambrose a The New York Times.
Quisiera describirles un brutal incidente ocurrido anoche en la
Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires y pedir
que los lectores interesados envíen telegramas de protesta al
presidente Onganía.
Ayer el Gobierno emitió una ley suprimiendo la autonomía
de la Universidad de Buenos Aires y colocándola (por primera vez)
bajo la jurisdicción del Ministerio de Educación. El Gobierno disolvió
los Consejos Superiores y Directivos de las universidades y decidió que
de ahora en adelante la Universidad estaría controlada por los
Decanos y el Rector, que funcionarían a las órdenes del Ministerio de
Educación. A los Decanos y al Rector se les dio 48 horas de plazo para
aceptar esto. Pero los Decanos y el Rector emitieron una declaración en
la cual se negaban a aceptar la supresión de la autonomía
universitaria.
Anoche a las 22, el Decano de la Facultad de Ciencias, Dr.
Rolando García (un meteorólogo de fama que ha sido profesor de la
Universidad de California en Los Ángeles), convocó a una reunión del
Consejo Directivo, de la Facultad de Ciencias (compuesto de profesores,
graduados y estudiantes, con mayoría de profesores) e invitó a algunos
otros profesores (entre los que me incluyo), a asistir al mismo. El
objetivo de la reunión era asistir al mismo. El objetivo de la reunión
era informar a los presentes sobre la decisión tomada por el Rector y
los Decanos, y proponer una ratificación de la misma. Dicha ratificación
fue aprobada por 14 votos a favor, con una abstención (proveniente de
un representante estudiantil).
Luego de la votación, hubo un rumor de que la policía se
dirigía hacia la Facultad de Ciencias con el propósito de entrar, que
en breve plazo resultó cierto. La policía llegó y sin ninguna
formalidad exigió la evacuación total del edificio, anunciando que
entraría por la fuerza al cabo de 20 minutos (las puertas de la
Facultad habían sido cerradas como símbolo de resistencia –aparte de
esta medida no hubo resistencia). En el interior del edificio la gente
(entre quienes me encontraba) permaneció inmóvil, a la expectativa.
Había alrededor de 300, de los cuales 20 eran profesores y el resto
estudiantes y docentes auxiliares. (Es común allí que esa hora de la
noche haya mucha gente en la Facultad porque hay clases nocturnas,
pero creo que la mayoría se quedó para expresar su solidaridad con la
Universidad).
Entonces entró la policía. Me han dicho que tuvieron que
forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas, que
resultaron ser gases lacrimógenos. Al poco tiempo estábamos todos
llorando bajo los efectos de los gases. Luego llegaron soldados que nos
ordenaron, a los gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde nos
hizo permanecer de pie, con los brazos en alto, contra una pared. El
procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con
palos. Los golpes se distribuían al azar y yo vi golpear
intencionalmente a una mujer –todo esto sin ninguna provocación. Estoy
completamente seguro de que ninguno de nosotros estaba armado, nadie
ofreció resistencia y todo el mundo (entre quienes me incluyo) estaba
asustado y no tenía la menor intención de resistir. Estábamos todos de
pie contra la pared –rodeados por soldados con pistolas, todos gritando
brutalmente (evidentemente estimulados por lo que estaban haciendo –se
diría que estaban emocionalmente preparados para ejercer violencia
sobre nosotros). Luego, a los alaridos, nos agarraron a uno por uno y
nos empujaron hacia la salida del edificio. Pero nos hicieron pasar
entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de diez
pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles y que nos
pateaban rudamente en cualquier parte del cuerpo que pudieran alcanzar.
Nos mantuvieron incluso a suficiente distancia uno de otro de modo que
cada soldado pudiera golpear a cada uno de nosotros. Debo agregar que
los soldados pegaron tan brutalmente como les era posible y yo (como
todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde
pudieron alcanzarme. Esta humillación fue sufrida por todos nosotros
–mujeres, profesores distinguidos, el Decano y Vicedecano de la
Facultad, auxiliares docentes y estudiantes. Hoy tengo el cuerpo
dolorido por los golpes recibidos pero otros, menos afortunados que yo,
han sido seriamente lastimados. El profesor Carlos Varsavsky, director
del nuevo Radioobservatorio de La Plata, recibió serias heridas en la
cabeza, un ex secretario de la Facultad (Simón) de 70 años de edad fue
gravemente lastimado, como asimismo Félix González Bonorino, el geólogo
más eminente del país.
Después de esto, fuimos llevados a la comisaría seccional
en camiones, donde nos retuvieron un cierto tiempo, después del cual
los profesores fuimos dejados en libertad sin ninguna explicación.
Según mi conocimiento, los estudiantes siguen presos. A mí me pusieron
en libertad alrededor de las 3 de la mañana, de modo que estuve con la
policía alrededor de cuatro horas.
No tengo conocimiento de que se haya ofrecido ninguna
explicación por este comportamiento. Parece simplemente reflejar el
odio para mí incomprensible, ya que a mi juicio constituyen un magnífico
grupo, que han estado tratando de construir una atmósfera
universitaria similar a la de las universidades norteamericanas. Esta
conducta del Gobierno, a mi juicio, va a retrasar seriamente el
desarrollo del país, por muchas razones entre las cuales se cuenta el
hecho de que muchos de los mejores profesores se van a ir del país.
Atentamente,
Warren Ambrose
Profesor de Matemáticas en
Massachussets Institute of Technology
y en la Universidad Nacional de Buenos Aires
Profesor de Matemáticas en
Massachussets Institute of Technology
y en la Universidad Nacional de Buenos Aires
Buenos Aires, 30 de Julio de 1966.