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La tarjeta de crédito de Karl Marx


Monumento a Marx en la actual ciudad Chemnitz
Cuando finalizó la segunda guerra mundial las potencias vencedoras dividieron Alemania en zonas de influencia. La totalidad del territorio quedó fragmentada en dos partes, cada una con su respectivo Estado y Gobierno: Una capitalista, tutelada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña que llevó el nombre de la República Federal Alemana,  y una socialista, tutelada por la Unión Soviética, llamada República Democrática  Alemana.
En 1953 el gobierno de la República Democrática cambió el nombre de la ciudad Chemnitz por el de uno de los padres del socialismo científico: A partir de entonces se la conoció como ciudad Karl Marx.
Con la caída del muro de Berlín y el proceso de la reunificación Alemana en las postrimerías de la Guerra Fría, la ciudad volvió a tener su nombre original. Sin embargo parte del legado comunista aun se mantiene en pie, como podemos ver en el caso del monumento que recuerda el rostro del pensador alemán.

A Marx es difícil encasillarlo dentro de alguna de las ciencias sociales hoy vigentes. Si quisiéramos intentarlo podríamos decir que fue filósofo, historiador, sociólogo, economista, politólogo, etc. Una de las tantas particularidades de la obra de Marx reside justamente en que su propuesta científica abarca la realidad social como una totalidad inescindible. Sus deducciones sobre la historia, la política y la mercancía se construyen de modo tal que cada proceso implica, diecta o indirectamente, a otro. La realidad es una, y una buena manera de "entrarle" es partir del Trabajo. En ese sentido Marx consideraba que tampoco se podía separar la teoría de la práctica: Hasta entonces los filósofos se habían encargado de interpretar la realidad, ahora, desde su perspectiva, se trataba de cambiarla. En el hacer del mundo, por medio del trabajo, reside el secreto para comprenderlo y, por supuesto, para cambiarlo.
Sea como fuere, hay algo de lo que no se puede dudar: Marx bogó por un mundo sin explotadores y sin explotados, esto, para él significaba un mundo sin capitalismo. Sin embargo: 
El banco Sparkasse de Chemnitz (Ex Ciudad Karl Marx) llamó a una votación para que los vecinos pudieran elegir qué icono de la ciudad debía auspiciar la nueva tarjeta Mastercard.  El elegido por mayoría absoluta fue. . . El monumento a Marx. Desde entonces cada vez que una señora coqueta de Chemnitz se compra sus vestidos de gala, o cada vez que un niño malcriado llora para saciar su sed consumista, la imagen de Karl Marx atraviesa el Posnet de lado a lado. 
Aunque las contradicciones son explíicitas, si usted no puede dejar de salir de su asombro le diremos:

Esa sensación no tiene precio, 



pero para todo lo demás existe Marxtercard.        

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