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¿Estás seguro que querés comer una bola de fraile? El origen del nombre de las facturas

Bolas de fraile
Cuando interrogamos con sinceridad las costumbres y prácticas sociales podemos llevarnos más de una sorpresa: Algunas palabras, algunos nombres o determinados apodos encuentran otros significados cuando los vemos en una dimensión histórica. Es lo que pasa con palabras como "atorrante" o "torrar", que tienen una deuda etimológica con la empresa francesa Tourrant, contratista e importadora de grandes caños que acabarían utilizándose para el entubamiento del agua corriente a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Estos caños servían de refugio para los trabajadores más miserables de la ciudad que los usaban -sin autorización legal- para dormir, es decir, para torrar.  Algo parecido puede ocurrir si queremos revisar e historizar el significado de los nombres de las facturas.

¿Nunca te preguntaste por qué tienen nombres tan raros las facturas? Esto, en parte, es consecuencia del anarquismo. El anarquismo es un movimiento político con distintas variantes, aunque todas coinciden en repudiar cualquier forma o expresión de poder y autoridad: La policía, el Estado, la patronal o la iglesia son -para los anarquistas- enemigos del pueblo y deben ser combatidos hasta construir, huelga general revolucionaria de por medio, un mundo totalmente libre, el comunismo anárquico. 
Los anarquistas tuvieron un peso político notable en Argentina a comienzos del siglo XX, cuando los caños de Tourrant se llenaban de atorrantes y la Argentina bajada del barco recibía a los inmigrantes con la Ley de residencia. Se agruparon en gremios, formaron centrales sindicales de gran peso y tuvieron varios miles de militantes, pero la reforma electoral de 1912 y las alternativas democráticas le quitaron buena parte del sustento político a un movimiento que, por definición, no podía conformarse como un partido legal, puesto que los partidos también siguen ordenes jerárquicos que coartan la libertad. Pero, aunque se extinguió, el anarquismo dejó un legado importante en la cultura popular y en particular en los nombres que aún hoy llevan las facturas que compramos los domingos.



Así, nos encontramos con que el Vigilante, denominación que hace referencia a las fuerzas del orden. La policía que como regla general -y como política de Estado- reprimía a los obreros, sean anarquistas o no, en sus demandas. El Cañoncito sobre el que hay varias versiones, algunas que apuntan a que es una burla del ejército, otras que resignifica el arma de autodefensa de los anarquistas, los caños rellenos que funcionaban con una lógica similar a las de las modernas bombas molotov. 
Las críticas que los anarquistas le hacían a la iglesia también aparecen reflejadas en los nombres de las facturas. En tanto institución opresora del amor libre y asociada al conservadurismo, la iglesia, y sus templos, fueron foco en distintas oportunidades de ataques anarquistas. Las facturas dedicadas a la iglesia ofrecen una burla de la castidad que sacerdotes y monjas debían practicar. Así, las Bolas de fraile son abultadas, y -si el panadero no es tacaño- deben tener abundante relleno. Mientras que el Suspiro de monja es una factura alargada con una explícita forma fálica.


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